La crisis económica, entre otras consecuencias, ha producido que la banca endurezca sus condiciones para otorgar préstamos hipotecarios. Se estima que hace aproximadamente un año, el negocio hipotecario crecía a un ritmo mayor al 20%, pero hoy en día lo hace apenas por encima del 10%. ¿Cuál es la causa? En primer lugar se debe a que los promotores inmobiliarios no están desarrollando nuevos proyectos, al mismo tiempo que la banca no está en condiciones de financiarlos. Consecuentemente el número de hipotecas que se otorgaban a este sector ha caído considerablemente. Algunos particulares, de todas formas, logran beneficiarse en el caso que le transmitan un nivel de confianza adecuado a la entidad bancaria.
En medio de este escenario, los bancos han incrementado las exigencias al momento de conceder un préstamo hipotecario. En la actualidad se le exige al solicitante que reúna determinadas condiciones que le permitan a la banca evitar incurrir en riesgos de impagos y en algunos casos, piden más avales. Las medidas orientadas a incrementar las exigencias en la concesión de préstamos hipotecarios son llevadas a cabo con buen criterio y lógica y tienen como principal objeto minimizar el volumen de clientes morosos.
Es importante destacar que en los últimos meses aumentó casi un 25% el préstamo hipotecario utilizado para otros fines y lo más preocupante es que la morosidad de los mismos ronda el 1,3%. El importe en concepto de préstamos hipotecarios utilizados para otros fines llegó a los 42366 millones de euros a fines de marzo, respecto de los 33870 millones de euros que se registraron el año anterior para ese mismo mes. Se estima que el volumen de préstamos hipotecarios utilizados para otros fines se incrementó cerca del 64% en un período de dos años. En lo que concierne a la morosidad en estos tipos de créditos, se observa un aumento considerable, habiéndose incrementado de un 0,6% estimado a fines de 2005 a un 1,36% en la actualidad. Este tipo de préstamos consideran como garantía la propiedad, pero son destinados a la financiación de otros bienes o inversiones como: la adquisición de un coche nuevo, una inversión en un negocio, entre otros. A priori, esta alternativa es muy atractiva para los solicitantes, debido a que los tipos de interés son más bajos en relación a los créditos de consumo pero la desventaja, es que a largo plazo el cliente termina pagando más de lo que esperaba y a esta situación se le suman las exigencias de la entidad bancaria, las cuales comprometen no sólo a los avales sino también a su propiedad.
Dadas las circunstancias actuales y a las exigentes condiciones que imponen las entidades bancarias al momento de conceder un préstamo hipotecario, es de vital importancia que las familias ejerzan con responsabilidad la cultura crediticia y no expongan la seguridad de su propiedad para utilizar los préstamos hipotecarios con otros fines. La mejor alternativa cuando la relación entre los ingresos y los gastos no es favorable para las familias la siguen ofreciendo los préstamos al consumo.